La circularidad gana peso en la estrategia de la automoción ante el volumen de vehículos que salen del parque y la necesidad de recuperar materiales y reducir la dependencia de materias primas
Cada año, más de seis millones de vehículos llegan al final de su vida útil en la Unión Europea, una magnitud que convierte el tratamiento del automóvil una vez finalizado su uso en una parte cada vez más relevante de la transformación del sector.
El dato aparece en el análisis sobre sostenibilidad y circularidad recogido por Deloitte en su informe La transformación de la industria del automóvil en España y coincide con las cifras que maneja la propia Unión Europea para dimensionar el reto.
La cuestión va mucho más allá de gestionar residuos. Un vehículo que deja de circular contiene acero, aluminio, cobre, plásticos y otros materiales que pueden volver a incorporarse a procesos productivos. La capacidad para recuperar ese valor se está convirtiendo en una pieza más de la competitividad industrial de la automoción europea.
Del final de vida a una nueva fuente de materiales
El modelo tradicional de la industria ha estado construido fundamentalmente sobre una lógica lineal: producir, comercializar, utilizar y retirar. La presión sobre las materias primas y los objetivos de sostenibilidad están obligando a evolucionar hacia un sistema en el que una mayor parte de los materiales empleados pueda recuperarse y reutilizarse.
La dimensión industrial es considerable. El Consejo de la Unión Europea recuerda que la fabricación de automóviles se encuentra entre las actividades que más materias primas originales consumen en Europa y señala que cada año se utilizan más de siete millones de toneladas de acero, alrededor de dos millones de toneladas de aluminio y seis millones de toneladas de plásticos en el sector.
Aprovechar mejor los materiales contenidos en los vehículos que salen del parque permite, por tanto, reducir residuos pero también recuperar recursos que pueden tener una nueva utilización industrial.
El automóvil se diseña pensando también en lo que ocurrirá al final
La economía circular está empezando a modificar incluso la forma de concebir el vehículo. La capacidad de desmontar componentes, reutilizar piezas, recuperar materiales y reincorporarlos a nuevos productos adquiere importancia desde las primeras fases del diseño.
Esto significa que el valor de un automóvil ya no termina necesariamente cuando deja de circular. Baterías, componentes electrónicos, metales o determinadas piezas pueden mantener valor económico después de finalizar la primera vida del vehículo.
La transformación afecta así a toda la cadena: fabricantes, proveedores, redes de reparación, gestores de residuos, recicladores y empresas especializadas en recuperación de materiales.
Una oportunidad para reducir dependencias
La circularidad adquiere además una dimensión estratégica en un momento en el que Europa busca reducir su exposición a determinadas materias primas y reforzar la resiliencia de sus cadenas industriales.
La Comisión Europea lleva años advirtiendo de que una gestión inadecuada de los vehículos al final de su vida útil provoca tanto contaminación como pérdidas de materiales con valor económico. Esa preocupación ha impulsado la revisión de la normativa europea para aumentar la recuperación, reutilización y reciclaje de los componentes de los vehículos. Consejo Europeo
Para la automoción, el reto consiste en convertir ese volumen anual de vehículos que abandonan el parque en una fuente de recursos capaz de alimentar de nuevo la cadena de valor.
Los más de seis millones de vehículos que llegan cada año al final de su vida útil en la UE representan así no solo uno de los grandes flujos de residuos industriales de Europa, sino también una reserva de materiales cuyo aprovechamiento puede ganar importancia a medida que avance la transformación del sector.


