Un 71,6 % de los conductores no recibió información suficiente sobre los sistemas ADAS al comprar su vehículo. La seguridad activa se vende, pero rara vez se explica. El concesionario tiene en sus manos una palanca estratégica: transformar la entrega en pedagogía y fidelización.
Hay un coche nuevo que duerme cada noche bajo su toldo, brillante, silencioso, repleto de tecnología. Tiene frenada autónoma, mantenimiento de carril, alerta de ángulo muerto, detección de fatiga. Y, sin embargo, su conductor —joven o veterano, prudente o inquieto— no sabe realmente cómo funciona. O peor aún: desconfía de sus sistemas, los desactiva, los evita.
No es una exageración. Lo confirma el último informe presentado en junio de 2025 por la Fundación CEA y Asitur, titulado “Tecnología que protege o incomoda: percepción del conductor sobre los sistemas ADAS”. La cifra que resuena como un aldabonazo: el 71,63 % de los conductores reconoce no haber recibido una explicación clara ni suficiente sobre los sistemas de asistencia al comprar su coche nuevo.
La escena se repite: el coche llega, se firma, se entrega. Y en ese momento, la tecnología queda sola, sin intérprete. Casi la mitad de los conductores (48,76 %) admite tener un conocimiento inicial o muy básico de cómo se usan los sistemas ADAS, según el estudio. El 49,03 % considera que las alertas que emiten son excesivas, y un 42,55 % llega a declarar que siente cierto nivel de estrés al interactuar con ellas.
¿Qué está fallando? No es la tecnología, ni tampoco el usuario. Es el proceso intermedio: la entrega del vehículo, la explicación de lo invisible, la contextualización de lo que ya no se ve a simple vista. El informe apunta hacia un punto exacto: el concesionario. No como culpable, sino como espacio decisivo para corregir esta brecha entre innovación y experiencia.
Una oportunidad estratégica
La mayoría de los clientes no rechaza la asistencia electrónica: al contrario, el 82,45 % cree que estos sistemas mejoran la seguridad, según el mismo documento. Lo que ocurre es que solo el 13,5 % tuvo en cuenta los ADAS como factor clave a la hora de comprar su coche. El resto los asumió como parte del equipamiento, sin que nadie se detuviera a explicarles de verdad qué hacían, cuándo entraban en acción o cómo personalizarlos.
En ese hueco entre expectativa y conocimiento se esconde una oportunidad de fidelización. Porque el concesionario no solo puede —debería— explicar los sistemas durante la entrega. También podría ofrecer sesiones prácticas a los pocos días, enviar vídeos breves personalizados, o activar la formación postventa como un servicio diferencial.
¿Qué ocurriría si un cliente, semanas después de recibir su coche, pudiera volver al concesionario y sentarse con un técnico que le guiara, le escuchara y resolviera sus dudas sin prisa? Tal vez ese momento valdría más que cualquier descuento. Tal vez sería el verdadero comienzo de una relación comercial madura.
Más allá de la venta: cultura de seguridad
Lo que está en juego no es solo el buen uso de una función. Es algo más amplio: la credibilidad de la promesa tecnológica. Cuando un conductor experimenta que el coche frena solo, o que lo alerta cuando cambia de carril sin señalizar, necesita confiar. Esa confianza se construye antes de arrancar, cuando alguien —idealmente, un profesional de ventas— le explica con lenguaje claro y sin tecnicismos qué esperar.
La seguridad activa no puede depender únicamente del software. Requiere una pedagogía humana, paciente, personalizada. Y esa pedagogía empieza en el punto de venta. En ese momento que podría ser puro trámite… o semilla de algo más duradero.
Este contenido forma parte de Faconauto Seguridad Vial, una iniciativa impulsada con el compromiso de reforzar la cultura de la prevención, la innovación y la protección de la vida en carretera. Un proyecto posible gracias al apoyo de MAPFRE, socio estratégico de Faconauto en esta línea de trabajo, que comparte el propósito de avanzar hacia una movilidad más segura, sostenible y conectada.


