El informe de BBVA Research concluye que el cambio no lo provocan los picos de precios, sino la combinación de riesgo de suministro, madurez tecnológica y políticas públicas
Las crisis geopolíticas y las subidas del petróleo no impulsan por sí solas la transición energética ni, por extensión, la electrificación del automóvil. Esa es la principal lectura del informe Geopolitically Driven Energy Crises and Low-Carbon Diversification, de BBVA Research, que sostiene que las crisis energéticas solo aceleran la diversificación cuando existen sustitutos económicamente viables; los picos de precios, por sí solos, son insuficientes.
El informe desmonta una de las ideas más extendidas: que el encarecimiento del combustible impulsa automáticamente el cambio hacia tecnologías alternativas. Episodios como las crisis de los años setenta o conflictos posteriores provocaron fuertes subidas del petróleo, pero no generaron transformaciones estructurales inmediatas en el sistema energético.
Según el análisis, el factor determinante no es el precio puntual, sino la percepción de riesgo sostenido en el suministro, que es lo que realmente altera las decisiones de inversión a largo plazo.
Qué significa esto para el coche eléctrico
Trasladado a la automoción, la conclusión es directa: el vehículo eléctrico no se impulsa únicamente por crisis energéticas. Su crecimiento depende de variables internas del propio mercado, como el coste de adquisición, la infraestructura de recarga o la estabilidad regulatoria.
El informe subraya que la transición depende del desarrollo tecnológico y de las políticas públicas, lo que refuerza el papel de las ayudas, los objetivos de emisiones y los incentivos fiscales como palancas reales de cambio.
Pese a décadas de tensiones geopolíticas, los combustibles fósiles han mantenido un peso dominante en el sistema energético global. A comienzos de los años setenta representaban más del 95% del suministro energético, y su reducción posterior ha sido progresiva, no abrupta.
El informe identifica solo dos periodos de descenso sostenido: tras las crisis de finales de los setenta, con el impulso de la energía nuclear, y desde mediados de los 2000, con el desarrollo de las renovables.
Tecnología y políticas, las verdaderas palancas
El análisis identifica tres canales a través de los cuales las crisis pueden influir en la transición:
- el aumento de la incertidumbre sobre el suministro
- la redirección de la inversión y la innovación
- y las políticas públicas orientadas a la diversificación
Solo cuando estos tres factores convergen, las crisis actúan como aceleradores reales del cambio.
El informe es claro en su conclusión: cuando las tecnologías alternativas están maduras y pueden escalar, las crisis aceleran su adopción; cuando no lo están, el sistema energético apenas cambia.
Aplicado al automóvil, el mensaje es evidente: la electrificación no dependerá del contexto geopolítico, sino de que el vehículo eléctrico sea una alternativa real para el consumidor, tanto en precio como en uso.
Riesgo de freno si se debilitan las políticas
El documento introduce además una advertencia: en contextos de precios elevados de la energía, puede aumentar la presión para relajar políticas climáticas con el objetivo de reducir costes a corto plazo. Sin embargo, esto podría retrasar el desarrollo de alternativas bajas en carbono.
En clave automoción, esto afecta directamente al diseño de ayudas, incentivos y regulación, que siguen siendo determinantes para consolidar la demanda de vehículo eléctrico.


