Roland Berger alerta que la industria automotriz necesitará transformar profundamente su infraestructura industrial para cumplir con objetivos climáticos y mantener competitividad en costes
La transición hacia la movilidad eléctrica no solo está transformando los vehículos. También está obligando a reimaginar desde sus cimientos la manera en que se fabrican. Según el informe Automotive Outlook 2040, publicado por Roland Berger, más del 70% de las plantas industriales de la cadena automotriz global deberá afrontar una reconversión energética profunda antes de 2035.
Lo que está en juego no es únicamente la sostenibilidad ambiental, sino la viabilidad operativa en un mercado cada vez más condicionado por regulaciones climáticas, criterios ESG y costes energéticos volátiles. La industria, tradicionalmente dependiente del gas y otras fuentes fósiles para sus procesos térmicos intensivos, debe avanzar con rapidez hacia una electrificación integral que no solo afecte al producto, sino también a las fábricas que lo crean.
La electrificación industrial implica mucho más que cambiar fuentes de energía. Significa sustituir hornos, prensas, secadores y sistemas logísticos por alternativas eléctricas eficientes; incorporar generación renovable local (solar fotovoltaica, almacenamiento en baterías); y digitalizar la gestión energética para operar bajo tarifas dinámicas, evitando picos de consumo o interrupciones críticas.
Pero esta transformación no será barata. Roland Berger estima que electrificar una planta automotriz de tamaño medio requerirá entre 8 y 25 millones de euros, dependiendo del grado de madurez energética y del mix industrial local. A esto se suma un desafío organizativo: muchas plantas operan con equipos heredados de hace más de dos décadas, sin sensores, sin visibilidad de consumos y con baja compatibilidad con soluciones modernas.
El mapa global de reconversión también será desigual. Europa liderará en exigencia normativa, pero sufrirá más por sus costes eléctricos y la lentitud administrativa. China avanzará rápido, gracias a una planificación industrial centralizada y menores barreras de ejecución. Estados Unidos mostrará avances asimétricos, con estados punteros y otros anclados a la lógica fósil. En mercados emergentes, sin apoyo externo, el ritmo será más lento.
El informe anticipa que las plantas del futuro funcionarán como pequeños hubs energéticos inteligentes: producirán energía, almacenarán excedentes, intercambiarán electricidad con otras industrias y optimizarán su consumo en tiempo real. No será solo un cambio técnico, sino cultural: la energía pasará a ser una variable crítica de la estrategia empresarial, al nivel del talento, la calidad o el coste unitario.
El mensaje de Roland Berger es rotundo: quien no electrifique su fábrica, quedará fuera del mapa. Los fabricantes ya están exigiendo trazabilidad energética a sus proveedores, y la inversión verde será pronto condición para licitar proyectos. En la nueva automoción, producir limpio no es una ventaja; es una puerta de entrada.


