Los fabricantes chinos trabajan con ciclos de desarrollo de entre 18 y 24 meses, frente a los 36-48 meses habituales en Europa, una diferencia que está alterando el ritmo competitivo de la industria
La velocidad se ha convertido en una nueva ventaja competitiva para la automoción. Mientras los fabricantes europeos necesitan entre 36 y 48 meses para desarrollar y llevar un nuevo modelo al mercado, en China el proceso puede completarse en apenas 18-24 meses, según recoge el informe La transformación de la industria del automóvil en España de Deloitte.
La diferencia supone que un fabricante chino puede completar prácticamente dos ciclos de producto en el tiempo que algunos fabricantes europeos necesitan para ejecutar uno. No se trata únicamente de producir más rápido, sino de detectar antes los cambios en la demanda, desarrollar una respuesta y ponerla a disposición del cliente en un periodo mucho más corto.
El fenómeno está cambiando una industria tradicionalmente construida alrededor de ciclos largos de planificación, ingeniería, industrialización y lanzamiento.
La velocidad entra en la ecuación competitiva
Durante décadas, la capacidad industrial, la escala, la calidad y la fortaleza de marca han constituido algunas de las principales barreras de entrada de la automoción. Todas ellas continúan siendo relevantes, pero Deloitte advierte de un escenario en el que el tiempo necesario para transformar una idea en un producto comercializable adquiere un peso creciente.
La ventaja de los nuevos fabricantes no se limita así al coste o a determinadas tecnologías. Su mayor velocidad de desarrollo les permite actualizar gamas, introducir innovaciones y responder con mayor rapidez a cambios en las preferencias del consumidor.
Esto cobra especial importancia en un vehículo cada vez más condicionado por ámbitos que evolucionan a velocidades propias del sector tecnológico, como el software, la conectividad, las baterías o las interfaces digitales.
Europa compite con estructuras más complejas
La industria europea parte de una posición diferente. Sus fabricantes cuentan con una larga experiencia industrial, redes productivas consolidadas y elevados estándares técnicos y de calidad, pero también operan sobre procesos, estructuras y arquitecturas empresariales desarrolladas durante décadas.
Deloitte sitúa precisamente la agilidad entre los grandes retos de la transformación del automóvil. La irrupción de fabricantes asiáticos, y particularmente chinos, está modificando el equilibrio competitivo gracias a su capacidad para acelerar ciclos de desarrollo, ganar escala y avanzar rápidamente en nuevas tecnologías. Deloitte
La cuestión para Europa no pasa necesariamente por replicar cada uno de esos procesos, sino por determinar dónde puede reducir tiempos sin comprometer los atributos que forman parte de su ventaja competitiva.
Del ciclo industrial al ciclo tecnológico
La reducción de los tiempos de desarrollo refleja también una transformación más profunda del propio automóvil. El sector está evolucionando desde un producto predominantemente mecánico hacia otro en el que software, electrónica y servicios digitales ocupan una parte creciente del valor.
Ese cambio acerca determinados procesos de la automoción a la lógica de sectores tecnológicos, caracterizados por ciclos de innovación más cortos y actualizaciones más frecuentes.
Para fabricantes, proveedores y redes de distribución, esta aceleración tiene consecuencias en toda la cadena. Los productos cambian antes, las tecnologías evolucionan con mayor rapidez y el mercado exige una capacidad de adaptación cada vez mayor.
La diferencia entre los 18-24 meses de China y los 36-48 meses de Europa resume así uno de los desafíos competitivos más importantes de la nueva automoción. Ya no basta con desarrollar un buen vehículo. En un mercado cada vez más fragmentado y tecnológico, también importa cuánto tiempo se tarda en ponerlo delante del cliente.


