El informe de Futures Platform y Statzon clasifica el auge del antiturismo como tendencia en reforzamiento con horizonte 2024-2027 y advierte de que las restricciones a visitantes reconfigurarán los flujos globales de viajeros
El turismo masivo ha dejado de ser únicamente un debate medioambiental o cultural para convertirse en un problema de movilidad con consecuencias económicas directas. El informe “The Future of Mobility”, publicado por Futures Platform y Statzon, clasifica el auge del antiturismo como una tendencia en reforzamiento con horizonte 2024-2027 y documenta cómo la saturación de destinos populares está generando respuestas regulatorias que reconfigurarán los flujos de viajeros a escala global.
Las protestas han aflorado en Grecia, España, Países Bajos e Indonesia. Ámsterdam ha lanzado campañas activas de desmarketing para desincentivar determinados perfiles de visitante. Grecia ha impuesto límites a la llegada de cruceros en sus islas más concurridas. Nueva Zelanda triplicó en octubre de 2024 su tasa internacional de conservación turística, que pasó de 32 a 90 euros. La presión sobre la infraestructura de transporte local, el encarecimiento de la vivienda por la proliferación de alquileres turísticos y la degradación de los servicios de proximidad alimentan un malestar social que los gobiernos ya no pueden ignorar.
Redistribución de flujos y nuevas presiones
El informe advierte de que las restricciones en destinos saturados no eliminan la demanda, sino que la desplazan hacia otros lugares que pueden carecer de la infraestructura necesaria para absorberla. Esta redistribución podría replicar en nuevos destinos los mismos ciclos de masificación y degradación que se intentan corregir en los tradicionales, elevando precios en los hubs consolidados y generando presión sobre redes de transporte y servicios locales en las alternativas emergentes.
Modelos de turismo lento como respuesta estructural
Frente a la lógica del volumen, el informe apunta hacia modelos que incentiven estancias más largas, viajes en temporada baja e integración de la comunidad local en la planificación turística. Sin embargo, advierte del riesgo de que las estrategias orientadas a atraer exclusivamente al viajero de alto valor adquisitivo profundicen las desigualdades en el acceso a la movilidad de ocio, relegando a los viajeros de menor renta a opciones cada vez más limitadas. La tensión entre rentabilidad económica y equidad en el acceso al viaje se perfila como uno de los debates políticos centrales del turismo en la próxima década.


