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El coche de empresa puede convertirse en la cantera del VO eléctrico

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La Comisión Europea propone acelerar desde 2030 la entrada de vehículos cero y bajas emisiones en las flotas corporativas. Para los concesionarios, el efecto clave llegará después: más eléctricos jóvenes, trazables y financiables en el mercado de ocasión.

El mercado del coche eléctrico de ocasión no se construirá solo desde el comprador particular. Una parte decisiva puede venir antes, desde el canal empresa. La Comisión Europea ha presentado una propuesta de Reglamento sobre vehículos corporativos limpios que busca acelerar, a partir de 2030, la entrada de turismos y furgonetas de cero y bajas emisiones en las flotas de grandes empresas. El dato de partida explica la relevancia de la medida: los vehículos corporativos representan alrededor del 60% de las matriculaciones de turismos nuevos y hasta el 90% de las furgonetas en la Unión Europea.

La lectura para los concesionarios es clara: lo que se matricule en el canal empresa en los próximos años será, poco después, el vehículo de ocasión joven que llegará al mercado. Y si esa entrada se produce con mayor peso de eléctricos, híbridos enchufables o vehículos de bajas emisiones, la red oficial tendrá que prepararse para gestionar una nueva fase del VO: más tecnológica, más vinculada al estado de la batería, más dependiente de la trazabilidad y con mayor necesidad de asesoramiento.

Una propuesta pensada para mover la demanda

Bruselas plantea que los Estados miembros garanticen, desde el 1 de enero de 2030, una cuota mínima de vehículos cero y bajas emisiones dentro de las nuevas matriculaciones corporativas realizadas por grandes empresas. La propuesta no se dirige a las pymes, sino a grandes compañías, y deja a cada país margen para decidir las medidas concretas con las que alcanzar los objetivos nacionales.

El objetivo no es solo reducir emisiones en las flotas. La Comisión señala expresamente que acelerar este canal puede aumentar la disponibilidad de vehículos cero y bajas emisiones en el mercado de segunda mano, ya que los vehículos corporativos tienen ciclos de rotación más rápidos que los particulares. En concreto, el texto recuerda que los vehículos de alquiler suelen revenderse en torno al año y los de leasing, habitualmente, entre los tres y cinco años.

Ese punto es el más relevante para la distribución. La electrificación del canal empresa no acaba en la primera matriculación. Continúa en la recompra, el remarketing, la certificación, la financiación, la garantía, la posventa y la reventa al cliente particular o profesional.

España tendría objetivos específicos desde 2030

La propuesta incluye objetivos diferenciados por país. En el caso de España, el anexo fija para turismos corporativos de grandes empresas un objetivo del 55% de vehículos cero y bajas emisiones desde 2030, con un mínimo del 36% de cero emisiones. Para 2035, esos objetivos subirían al 76% y al 64%, respectivamente.

En furgonetas corporativas, España tendría un objetivo del 32% de vehículos cero y bajas emisiones desde 2030, con un mínimo del 29% de cero emisiones. Para 2035, el objetivo subiría también al 76% para el conjunto de cero y bajas emisiones y al 64% para cero emisiones.

Son cifras todavía sujetas a tramitación, pero marcan una dirección clara: el canal empresa será uno de los grandes instrumentos europeos para acelerar la electrificación. Y eso tendrá consecuencias directas para concesionarios, operadores de renting, flotas, empresas de alquiler, financieras, aseguradoras y compradores de VO.

El efecto real llegará al mercado de ocasión

El interés de esta propuesta para la red oficial no está solo en vender más vehículos nuevos a empresas. Está en lo que ocurrirá después. Si las flotas corporativas incorporan más eléctricos y bajas emisiones, el mercado recibirá en pocos años un volumen creciente de vehículos usados jóvenes con historial profesional, mantenimiento documentado y ciclos de uso relativamente previsibles.

Eso puede ayudar a resolver una de las principales barreras del coche eléctrico de ocasión: la confianza. El comprador de VO eléctrico no solo preguntará por kilómetros, año y precio. Preguntará por salud de batería, garantía restante, historial de carga, autonomía real, coste de mantenimiento, vida útil esperada y valor residual.

Ahí el concesionario tiene una ventaja frente al canal informal. Puede certificar, revisar, reacondicionar, financiar, garantizar y explicar. En un VO eléctrico, esa capacidad de prescripción será tan importante como el propio precio.

Un nuevo papel para el concesionario B2B

La propuesta europea refuerza también el papel del concesionario en la venta a empresas. Las grandes compañías necesitarán renovar flotas, calcular coste total de uso, analizar fiscalidad, instalar o contratar recarga, formar a usuarios, adaptar políticas internas y gestionar el cambio tecnológico.

El concesionario puede convertirse en un socio de transición para esas empresas. No se trata solo de entregar vehículos, sino de ayudar a definir qué tecnología encaja con cada uso: turismos para dirección, vehículos comerciales ligeros, unidades de pool, coches para comerciales, vehículos de sustitución, flotas urbanas, servicios de reparto o movilidad interna.

La venta de flotas será cada vez menos una operación de volumen y más una operación de consultoría. Habrá que explicar autonomía real, carga doméstica o en empresa, tiempos de parada, mantenimiento, seguros, ayudas, fiscalidad, valor futuro y opciones de recompra.

Más VO eléctrico exige más posventa especializada

Cuando esos vehículos vuelvan al mercado como usados jóvenes, la posventa será determinante. El VO eléctrico no puede gestionarse como un usado convencional. Necesita diagnóstico específico, revisión de batería, software actualizado, control de sistemas de carga, comprobación de garantía, revisión de neumáticos, frenos, electrónica de potencia y elementos de alta tensión.

La red oficial parte con una ventaja: formación técnica, acceso a herramientas, relación con fabricantes, trazabilidad del mantenimiento y capacidad de ofrecer garantías. Pero esa ventaja exige inversión y preparación. Si el canal empresa se convierte en la gran fuente de VO eléctrico, los concesionarios tendrán que reforzar procesos de valoración, reacondicionamiento y certificación.

El vehículo eléctrico usado no se venderá solo por precio. Se venderá por confianza.

Renting, recompra y valor residual ganan importancia

La propuesta de Bruselas también puede acelerar el peso del renting, el leasing y las fórmulas de recompra en la estrategia comercial. Si las flotas corporativas electrificadas rotan antes que los vehículos particulares, el valor residual será una variable central para fabricantes, financieras y concesionarios.

Esto obliga a anticiparse. Los concesionarios deberán conocer mejor cómo se comportan los eléctricos en uso real, qué modelos mantienen mejor valor, qué garantías reducen incertidumbre, qué costes de reacondicionamiento aparecen y cómo se comunica al comprador de VO el estado técnico del vehículo.

El remarketing será más técnico. La tasación también. La batería, el historial de carga y el estado del software ganarán peso frente a criterios tradicionales como kilometraje o antigüedad.

Una oportunidad para profesionalizar el VO eléctrico

El crecimiento del VO eléctrico no se producirá de forma automática. Necesitará confianza, transparencia y garantías. La llegada de más vehículos procedentes de empresa puede ayudar a generar volumen, pero el mercado solo ganará escala si el comprador entiende qué está comprando y con qué respaldo.

Para la distribución oficial, esto abre una oportunidad evidente. La red puede situarse como canal natural del VO eléctrico certificado, con vehículos revisados, garantías claras, financiación adaptada, información sobre batería y una posventa preparada para acompañar al cliente.

Además, el concesionario puede conectar los dos extremos del ciclo: vender a empresa en la primera matriculación y recuperar ese vehículo después para darle una segunda vida comercial en el mercado de ocasión.

Una transición que empieza antes de la venta al particular

La electrificación del mercado no dependerá únicamente de convencer al particular de comprar un coche nuevo eléctrico. También dependerá de cómo se construya una oferta suficiente, asequible y fiable de eléctricos usados. Y ahí el canal empresa puede ser decisivo.

La Comisión Europea lo plantea como una medida de descarbonización y competitividad industrial, pero para los concesionarios la lectura es muy concreta: el coche corporativo de hoy puede ser el VO eléctrico de mañana.

Prepararse para esa rotación será clave. Quien controle bien la relación con empresas, renting, recompra, reacondicionamiento, certificación de batería, financiación y posventa tendrá una posición fuerte en el mercado que viene.

La próxima batalla del eléctrico no estará solo en la matriculación nueva. Estará en convertir los vehículos electrificados de empresa en una oferta de ocasión atractiva, comprensible y segura para miles de compradores. Y ahí la red oficial puede jugar un papel central.

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