El nuevo informe de la IEA, “What Next for the Global Car Industry?”, alerta de una transformación estructural que redefinirá producción, demanda y tecnología.
La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha publicado su informe “What Next for the Global Car Industry?” y el mensaje es claro: la automoción entra en una década que va a decidir quién lidera y quién queda atrás. El organismo constata que el sector vive un cambio de era impulsado por la electrificación, el ascenso industrial de China y la pérdida de dinamismo en los mercados tradicionales.
China se ha convertido en el centro neurálgico de esta transformación. El país ha duplicado su producción desde 2010 y ya concentra alrededor del 40% de la capacidad mundial de fabricación de turismos. En 2024 superó por primera vez a la Unión Europea como mayor exportador de coches del mundo, un hito que refleja la magnitud del vuelco geopolítico que vive el sector. La demanda también está reordenándose: las economías emergentes, que hace dos décadas representaban apenas el 20% de las ventas globales, concentran hoy la mitad de todas las matriculaciones. Los mercados avanzados, por el contrario, muestran claros signos de saturación, con tasas de motorización estables y un parque envejecido que limita el potencial de crecimiento.
El eléctrico supera el 20% del mercado y cambia la lógica industrial
El vehículo eléctrico es el otro gran motor del cambio. Las ventas de eléctricos (BEV+PHEV) se han multiplicado por catorce desde 2017 y ya representan más de un 20% del mercado mundial, mientras que las ventas de combustión han retrocedido más de un 30% desde su pico de 2017. En China, dos tercios de los eléctricos vendidos en 2024 eran más baratos que sus equivalentes de combustión, un punto de inflexión que explica buena parte de la aceleración global. La batería sigue siendo, sin embargo, el elemento que determina la competitividad: un paquete medio ronda los 6.500 dólares, frente a los 200 de un depósito convencional, y depende de materias primas cuyo refinado está altamente concentrado. China controla el 70% del litio, casi el 80% del cobalto y más del 90% del grafito procesados en el mundo.
Pese a esta transformación, la automoción sigue teniendo un peso económico enorme. En 2024 movió 2,9 billones de dólares, sostiene más de 10 millones de empleos directos y llega a representar hasta el 3% del PIB mundial si se incluyen sectores asociados. Pero ese peso no está garantizado. La IEA señala que el país asiático dispone ya de el doble de capacidad instalada para fabricar eléctricos respecto a su producción efectiva, un factor que presiona los márgenes globales y anticipa una etapa de consolidación.
Europa se juega parte de su competitividad industrial en este nuevo escenario. Aunque el continente produce más del 90% de los motores térmicos que consume, solo fabrica algo más del 40% de las baterías necesarias para los vehículos eléctricos. La dependencia exterior en minerales críticos y en capacidad de producción de baterías coloca a la UE en una posición vulnerable en la cadena de valor eléctrica.
El informe concluye con una advertencia: la próxima década será determinante. Los países que aseguren producción competitiva de baterías, acceso estable a minerales críticos y capacidad para escalar tecnologías eléctricas serán los que lideren la automoción de 2035. Los que no lo consigan verán mermado su peso en un sector que está redefiniendo su centro de gravedad.


