Las flotas corporativas pueden ser el motor definitivo para la transición eléctrica en Europa
El 60% de los coches nuevos en la Unión Europea son adquiridos por empresas, lo que convierte a las flotas corporativas en un actor clave para acelerar la electrificación del transporte. Sin embargo, pese a los incentivos fiscales existentes, muchas compañías siguen optando por vehículos de combustión interna, frenando la transición hacia un parque automotor más sostenible.
Un informe de Transport & Environment (How the new EC can create a made-in-EU EV market, 2025) destaca que la falta de regulación específica ha permitido que las empresas continúen beneficiándose de subsidios sin comprometerse realmente con la movilidad eléctrica. La Comisión Europea planea cambiar esto con una regulación que obligaría a electrificar por completo las flotas corporativas a partir de 2030.
Los fabricantes de automóviles europeos dependen en gran medida del mercado corporativo. Según el informe de T&E, el 62% de sus ventas provienen de flotas empresariales, frente al 49% de los fabricantes no europeos. Esto significa que cualquier regulación sobre la electrificación de flotas tendrá un impacto directo en la industria automotriz de la UE.
Si las empresas estuvieran obligadas a comprar solo vehículos eléctricos a partir de 2030, la demanda interna de EVs crecería significativamente, asegurando la estabilidad del mercado y reduciendo la presión de la competencia extranjera. Además, garantizaría que los fabricantes europeos puedan cumplir con sus objetivos de reducción de emisiones sin enfrentar sanciones económicas.
A pesar de los incentivos fiscales de hasta 8.000 euros en Alemania y 6.300 euros en Francia, la adopción de EVs en el sector corporativo sigue siendo limitada. En países como España, Italia y Polonia, los esquemas fiscales aún favorecen a los vehículos de combustión, lo que impide una transición rápida.
Otro factor clave es la infraestructura de carga. Muchas empresas dudan en electrificar sus flotas porque sus empleados no cuentan con suficientes puntos de recarga en sus hogares o lugares de trabajo. Sin un despliegue masivo de infraestructura de carga rápida y accesible, la transición será más lenta de lo esperado.
Próximos pasos
El informe de T&E estima que, si las flotas corporativas se electrifican a gran escala, para 2035 habrá hasta 7 millones de vehículos eléctricos usados disponibles en Europa. Esto abriría nuevas oportunidades para los consumidores, ya que los EVs, que hoy son más caros que los modelos de combustión podrían convertirse en una opción asequible en el mercado de segunda mano.
Actualmente, casi el 80% de los ciudadanos europeos compran coches usados. Si la oferta de EVs aumenta en este segmento, se democratizará el acceso a la movilidad eléctrica, acelerando la reducción de emisiones en toda la región.
Para desbloquear el potencial del mercado corporativo, la Comisión Europea debe avanzar con una regulación vinculante para la electrificación de flotas. El informe recomienda establecer un objetivo del 100% de vehículos eléctricos para las empresas que operen con más de 100 vehículos a partir de 2030.
Además, se sugiere reformar los incentivos fiscales para que favorezcan exclusivamente a los vehículos cero emisiones y eliminar progresivamente las subvenciones a los vehículos de combustión. Esto garantizaría que las empresas tomen decisiones alineadas con los objetivos climáticos de la UE.
Si la Comisión Europea avanza en esta dirección, la electrificación del parque automotor corporativo podría convertirse en el catalizador definitivo para la transición energética en Europa, beneficiando tanto a los fabricantes como a los consumidores.


