La edad media del parque automovilístico español supera ya los 14 años. En algunas comunidades autónomas se rozan los 16. Mientras tanto, las carreteras se llenan de vehículos sin sistemas básicos de seguridad activa. La tecnología existe, pero no llega. Y el precio lo siguen pagando los más vulnerables.
En las curvas lentas de la España interior, por las comarcales que huelen a cereal y brea, siguen rugiendo motores de hace dos décadas. Son vehículos que han cumplido más de 15 años de servicio. Coches sin control de estabilidad (ESP), sin frenada autónoma, sin alerta de cambio involuntario de carril. Y sin embargo, siguen ahí: transportando familias, regresando de los turnos, llevando a los niños al colegio.
España circula con un parque automovilístico envejecido. Y eso —aunque cueste verlo en los atascos de las grandes ciudades, donde los SUV híbridos brillan con sus ópticas LED— es una bomba de relojería para la seguridad vial.
Según datos actualizados de la Dirección General de Tráfico (DGT), la edad media de los turismos en circulación en España es de 14,2 años, y en comunidades como Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura o Galicia, se superan ya los 15,4 años. Una cifra inquietante si se compara con los vehículos siniestrados con resultado mortal, que en su mayoría tienen más de 13 años de antigüedad.
La obsolescencia como factor de riesgo
Un coche antiguo no es solo una cuestión de emisiones. Lo que no tiene —y que el conductor a menudo desconoce— es un abanico de sistemas de seguridad activa que desde hace una década han reducido drásticamente el riesgo de accidente o sus consecuencias. Y no se trata de conducción autónoma, sino de tecnologías básicas como:
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Control de estabilidad (ESP)
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Frenado autónomo de emergencia (AEB)
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Sistemas de aviso de cinturón de seguridad trasero
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Detección de fatiga
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Aviso de colisión frontal
El informe “Road Safety Report 2025” de DEKRA, uno de los documentos más respetados en Europa en esta materia, lo deja claro:
“Los vehículos más antiguos tienen un riesgo de siniestralidad hasta un 60 % superior en colisiones frontales, y el doble de letalidad en atropellos.”
Y si a eso sumamos el hecho de que más del 60 % de los usuarios vulnerables fallecidos (peatones, ciclistas, motoristas) se producen en entornos con vehículos antiguos, el panorama resulta alarmante.
España lleva más de una década sin un plan sostenido de renovación real. Los programas de incentivo a la compra han sido intermitentes, limitados o centrados en objetivos climáticos, dejando de lado un principio esencial: cada coche nuevo sustituye a un viejo con carencias críticas en seguridad.
El ETSC (Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte) advierte que los países con una edad media de parque superior a 12 años difícilmente podrán cumplir los objetivos de reducción del 50 % de víctimas viales para 2030, tal como establece la estrategia europea de seguridad.
¿Y el papel de los concesionarios?
Los concesionarios, a menudo marginados del debate sobre seguridad vial, juegan un papel decisivo. No solo como canal de distribución, sino como primer interlocutor entre la tecnología y el ciudadano.
En muchas zonas rurales, el concesionario es la única referencia informativa sobre movilidad segura. Pero sin incentivos adecuados y sin políticas que generen demanda sostenida de vehículos nuevos o seminuevos con garantías, el cliente seguirá eligiendo el usado de 3.000 euros que aún arranca.
En el debate sobre electrificación, fiscalidad o transición verde, la seguridad ha sido el gran ausente. Y sin embargo, debería ser el primer argumento. Porque la tecnología de un coche moderno salva vidas, sin necesidad de cambiar hábitos ni sacrificar autonomía. Solo necesita llegar a más gente.
Pero para que eso ocurra, hace falta voluntad política, inversión pública y un discurso renovado. Uno que diga alto y claro: no es solo cuestión de movilidad limpia, sino de movilidad segura. Y que reconozca que la verdadera modernización empieza por sustituir lo que ya no protege.
Este contenido forma parte de Faconauto Seguridad Vial, una iniciativa impulsada con el compromiso de reforzar la cultura de la prevención, la innovación y la protección de la vida en carretera. Un proyecto posible gracias al apoyo de MAPFRE, socio estratégico de Faconauto en esta línea de trabajo, que comparte el propósito de avanzar hacia una movilidad más segura, sostenible y conectada.


