Un coche no es solo una máquina. Es una estructura viva que envejece. Y en ese envejecimiento, en cada soldadura fatigada, cada airbag obsoleto y cada neumático reseco, se esconde un riesgo creciente que no figura en el contrato de compraventa.
En un país como España, donde la edad media del parque automovilístico supera ya los 14 años y muchas comunidades autónomas rebasan holgadamente los 15, la pregunta no es si nuestros coches son viejos. Lo son. La pregunta es cuánto riesgo asumen sus ocupantes sin saberlo.
Según el último Informe DEKRA de Seguridad Vial 2025, publicado en noviembre bajo el título “Mobility through time”, la relación entre edad del vehículo y consecuencias de los accidentes es directa y demoledora. La probabilidad de fallecer en un vehículo sin sistemas modernos de seguridad activa ni una estructura que absorba bien el impacto se multiplica por siete frente a uno recién salido de fábrica.
Estructura invisible, riesgo creciente
Uno de los aspectos menos conocidos por el usuario medio —y sin embargo más preocupantes para los expertos— es el deterioro estructural de un coche con los años. “No se trata solo de que el motor funcione”, advierte el informe. “Se trata de cómo responde el habitáculo ante una colisión lateral, cómo se despliega un airbag diseñado hace dos décadas, o si los cinturones aún cumplen su tensión mínima.”
El informe DEKRA ha analizado una batería de siniestros reales en Europa y concluye que los coches más antiguos no solo ofrecen menor protección, sino que agravan las consecuencias de un impacto. Esto es especialmente alarmante en zonas rurales o vías secundarias, donde las velocidades son altas y la infraestructura, limitada.
En España se calcula que circulan más de 10 millones de vehículos con más de 15 años. Muchos han pasado la ITV, sí. Pero eso no garantiza nada en términos de seguridad pasiva real. Ni la capacidad de frenar a tiempo ni la integridad estructural del chasis en caso de impacto. Simplemente, el coche funciona.
La paradoja es que estos vehículos no están necesariamente en manos de usuarios sin recursos. Muchos siguen vendiéndose como ocasión, sin información clara al comprador sobre los riesgos que implica su antigüedad estructural. Aquí es donde el concesionario tiene un papel crucial, no solo como vendedor, sino como agente de seguridad vial.
El papel del concesionario: algo más que vender
El informe DEKRA destaca que “la cadena de seguridad comienza en el punto de compra”. Es decir: el concesionario puede ser el lugar donde el usuario tome conciencia del salto tecnológico —y protector— que supone adquirir un coche más moderno.
Explicar la diferencia entre un coche Euro NCAP 2010 y uno de 2023, señalar el valor de un sistema de frenado autónomo o de un asistente de cambio involuntario de carril… es también una forma de salvar vidas. Y fidelizar clientes desde el compromiso real.
La renovación del parque no puede seguir entendiéndose como un asunto económico. Es un asunto de salud pública. Y de justicia social: quienes más riesgo asumen son muchas veces quienes menos margen tienen para cambiar de coche.
Por eso, el informe concluye con una llamada clara a los gobiernos y al sector: facilitar la renovación, informar con transparencia y reconocer que un vehículo no es igual de seguro toda su vida útil. Porque no lo es.
Sobre Faconauto Seguridad Vial
Este contenido forma parte de Faconauto Seguridad Vial, una iniciativa impulsada con el compromiso de reforzar la cultura de la prevención, la innovación y la protección de la vida en carretera. Un proyecto posible gracias al apoyo de MAPFRE, socio estratégico de Faconauto en esta línea de trabajo, que comparte el propósito de avanzar hacia una movilidad más segura, sostenible y conectada.


