El informe de Futures Platform y Statzon analiza la carretera eléctrica como ‘wild card’ con horizonte 2030-2040: si escala, permitiría reducir el tamaño de las baterías y abaratar el vehículo eléctrico
La idea de cargar un vehículo eléctrico mientras circula, sin necesidad de detenerse ni conectar ningún cable, ha pasado de la ciencia ficción a los pilotos reales en varios países. Suecia inauguró en 2016 el primer tramo experimental junto a Gävle, y en 2023 Detroit estrenó el primer vial público de recarga inalámbrica de Estados Unidos. Experimentos similares están en marcha en Alemania, Francia, Israel, Japón y Corea del Sur. El informe The Future of Mobility, elaborado por Futures Platform y Statzon, clasifica las carreteras eléctricas como una wild card con horizonte 2030-2040: una innovación de impacto potencialmente transformador pero con probabilidad de materialización todavía incierta.
El principio de funcionamiento es análogo al de la carga inalámbrica de los teléfonos móviles: sistemas de inducción embebidos en el firme transfieren energía electromagnética a receptores instalados en el bajos de los vehículos mientras estos circulan. Si la tecnología escala, los coches podrían equiparse con baterías mucho más pequeñas y ligeras, lo que reduciría su coste de fabricación y, en consecuencia, su precio de venta al público.
Implicaciones para la cadena de valor del automóvil
Una infraestructura de carretera eléctrica generalizada alteraría de forma sustancial la lógica actual del sector. Los fabricantes podrían reorientar el diseño de sus vehículos hacia plataformas optimizadas para la carga dinámica en lugar de para la autonomía máxima con batería. Las flotas logísticas —que hoy sufren las paradas de recarga como un coste operativo significativo— serían las primeras beneficiadas, al poder mantener una carga continua en las rutas de alta frecuencia.
Inversión pública y modelos de negocio, condiciones necesarias
El informe identifica la financiación como el obstáculo principal. Construir redes nacionales de carretera eléctrica exige inversiones iniciales masivas, planificación coordinada entre administraciones y modelos de negocio claros para los operadores. Proyectos anteriores —como el piloto británico cancelado en 2016— demuestran que sin un compromiso público sostenido y alianzas público-privadas sólidas, la tecnología puede quedar atrapada en la fase experimental. Si se superan estas barreras, el informe apunta a que las carreteras eléctricas podrían acelerar de forma decisiva la eliminación de los vehículos de combustión y anclar la movilidad de largo recorrido a fuentes de energía renovable.


