El consumidor prioriza la experiencia digital y los servicios conectados frente al tipo de propulsión, según el último estudio global de Deloitte
La decisión de compra de un automóvil está experimentando un cambio profundo. Más allá del debate entre combustión, electrificación o híbridos, los consumidores sitúan cada vez con mayor claridad la tecnología, la conectividad y la experiencia digital como factores determinantes a la hora de elegir un vehículo. Así lo constata el Global Automotive Consumer Study 2026, elaborado por Deloitte a partir de encuestas a más de 28.000 consumidores en 27 mercados internacionales.
En los mercados maduros, el tipo de motorización ha dejado de ser el eje central de la decisión. En su lugar, ganan peso aspectos como la integración digital del vehículo, las funciones de conectividad, la posibilidad de recibir actualizaciones de software, los sistemas avanzados de asistencia a la conducción y la experiencia tecnológica a bordo.
Un cambio estructural en la propuesta de valor
Según el estudio, los compradores valoran cada vez más que el vehículo sea un dispositivo conectado, capaz de integrarse con su ecosistema digital personal. La navegación inteligente, la conectividad con el teléfono móvil, los sistemas de infoentretenimiento avanzados y los servicios digitales asociados al vehículo influyen tanto o más que la elección entre un motor eléctrico, híbrido o de combustión.
Este cambio supone una transformación estructural del mercado. La motorización, que durante décadas fue el principal argumento comercial, pasa a convertirse en un elemento más dentro de una propuesta de valor mucho más amplia, donde el software, la experiencia de usuario y los servicios tienen un papel central.
Y es que que la transición hacia el vehículo eléctrico no se está produciendo de forma lineal. Aunque los modelos eléctricos de batería mantienen un alto nivel de visibilidad, muchos consumidores optan por soluciones intermedias, como los híbridos o híbridos enchufables, especialmente cuando perciben que ofrecen una mejor combinación entre coste, autonomía y flexibilidad de uso.
En este contexto, la tecnología embarcada actúa como factor diferenciador. Los consumidores están dispuestos a cambiar de marca o de tipo de motorización si el vehículo ofrece una mejor experiencia digital, lo que refuerza la idea de que el valor percibido ya no reside únicamente en el sistema de propulsión.
Implicaciones para fabricantes y distribución
Para los fabricantes, el estudio de Deloitte subraya la necesidad de redefinir el producto automóvil. El vehículo deja de ser un bien puramente industrial para convertirse en una plataforma tecnológica, donde el desarrollo de software y servicios digitales es tan relevante como la ingeniería mecánica.
Respecto a la red de concesionarios, el impacto es igualmente significativo. El punto de venta ya no es solo un espacio de exposición de modelos, sino un entorno de asesoramiento tecnológico, donde el cliente espera comprender qué funciones ofrece el vehículo, cómo se actualiza, qué servicios incluye y cuál será su experiencia a lo largo del ciclo de vida.
El informe también vincula este cambio a una reducción de la fidelidad a la marca. Los consumidores, mejor informados y más acostumbrados a comparar experiencias digitales, muestran una mayor disposición a cambiar de fabricante si perciben una oferta tecnológica más avanzada o alineada con sus expectativas.


