Un informe internacional sitúa al vehículo eléctrico en el punto de inflexión del mercado: ya representa el 20% de las ventas mundiales y afronta ahora el reto del precio, la recarga y la integración energética.
El coche eléctrico ha alcanzado un momento clave en su desarrollo global. Tras más de una década de crecimiento progresivo, el mercado se adentra en una fase en la que la adopción puede acelerarse de forma notable. Así lo concluye el informe Scaling the S-Curve: The Exponential Phase of EV Adoption, elaborado por el Centre for Net Zero junto con el Rocky Mountain Institute y la Universidad de Oxford.
El estudio parte de un dato contundente: uno de cada cinco coches nuevos vendidos en el mundo ya es eléctrico, una cuota cercana al 20% que continúa creciendo año tras año. En términos absolutos, el parque mundial de vehículos eléctricos ha pasado de 1,2 millones de unidades en 2015 a cerca de 60 millones en la actualidad, confirmando que la tecnología ha dejado atrás la fase inicial y se aproxima al mercado de masas.
Esta evolución responde al patrón de la conocida curva en S, que describe cómo las grandes innovaciones tecnológicas aceleran su difusión una vez superadas determinadas barreras. Según el informe, el vehículo eléctrico se encuentra justo en el arranque de esa fase exponencial, impulsado por la reducción de costes, el aumento de la oferta y la consolidación de las cadenas de suministro.
Precio e infraestructura, las claves de la siguiente etapa
Pese al avance, el documento advierte de que el crecimiento no está garantizado. Aunque el precio de las baterías cayó un 20% en 2024, el coste de compra sigue siendo una barrera relevante para muchos consumidores, especialmente en comparación con los vehículos de combustión, a pesar de que el coste de uso y mantenimiento del coche eléctrico ya es inferior en la mayoría de mercados.
La infraestructura de recarga aparece como el otro gran desafío. A escala global, el número de puntos de recarga públicos se ha duplicado en los dos últimos años, pero su despliegue sigue siendo desigual. Además, la recarga en vía pública continúa siendo sensiblemente más cara que la doméstica, llegando a ser hasta diez veces más costosa en algunos países, lo que penaliza a los conductores sin acceso a punto de recarga privado.
El informe también subraya el impacto energético de la electrificación. El parque mundial de vehículos eléctricos ya está reduciendo la demanda global de petróleo en más de un millón de barriles diarios, una señal de que la transición empieza a tener efectos estructurales. Al mismo tiempo, la gestión inteligente de la recarga permitiría aprovechar mejor la energía renovable y reducir la presión sobre las redes eléctricas.
La conclusión es clara: el coche eléctrico ha alcanzado la masa crítica necesaria para crecer con rapidez, pero su consolidación dependerá de cómo se resuelvan los retos pendientes en precio, infraestructura y energía. La transición ha entrado en su fase decisiva y el ritmo que adopte en los próximos años marcará el futuro del mercado del automóvil.


