Un informe reciente del Observatorio Europeo de Seguridad Vial advierte: por muchas innovaciones técnicas que incorpore un vehículo, si el conductor no cambia su forma de pensar, la siniestralidad no bajará. La cultura vial vuelve al centro del debate.
Hay un tipo de seguridad que no se mide en caballos, sensores o algoritmos. Una que no se activa con un botón ni aparece destacada en los catálogos. Se trata de la seguridad que nace en la cabeza del conductor, en su forma de entender la conducción, el riesgo, el respeto. Es la cultura de seguridad vial. Y, según el nuevo informe temático del European Road Safety Observatory (ERSO), puede ser la pieza que le falta a Europa para avanzar hacia la Visión Cero.
La paradoja europea: avances técnicos, estancamiento en mentalidad
El estudio recoge un diagnóstico claro: a pesar de las mejoras en infraestructuras y de la incorporación masiva de tecnologías ADAS en los vehículos nuevos, la tasa de siniestralidad no baja al ritmo previsto. ¿La razón? “Persisten comportamientos de alto riesgo, como el exceso de velocidad, el uso del móvil al volante y la baja percepción del peligro en maniobras cotidianas”, señala el documento.
El informe recopila datos de encuestas cualitativas y cuantitativas en los 27 países miembros, y alerta de una “brecha entre lo que los ciudadanos creen que hacen bien y lo que realmente hacen mal”. Por ejemplo, más del 65 % de los conductores encuestados afirman “ser respetuosos con las normas”, pero un 48 % admite mirar el móvil mientras conduce “alguna vez”.
En el caso español, el informe muestra un perfil contradictorio. Por un lado, se valora positivamente el respeto al cinturón de seguridad, especialmente en el asiento delantero. Pero España también aparece entre los países con mayor grado de normalización del uso del móvil al volante y baja percepción del riesgo al circular con fatiga.
Más preocupante aún es la actitud frente al vehículo: “Una parte importante de la población considera que los sistemas de seguridad del coche ‘ya corrigen’ los errores del conductor”, lo que lleva a delegar la responsabilidad en la máquina, sin asumir el papel activo que requiere una conducción consciente.
El concesionario como agente cultural
En este escenario, los concesionarios no son solo escaparates de tecnología: son nodos educativos clave. La entrega de un vehículo debería ser también una oportunidad para activar una conversación sobre seguridad, responsabilidad y cultura vial.
¿Sabe el cliente cómo funciona el asistente de mantenimiento de carril? ¿Conoce el alcance real de la frenada autónoma? ¿Entiende que un coche con 15 años tiene un riesgo estructural 7 veces mayor que uno nuevo en caso de accidente?
Estas preguntas no deberían quedarse en el manual técnico. Deberían estar en la conversación de venta.
La cultura vial no se forma solo en las autoescuelas. Se construye también en los puntos de contacto con el sector, y el concesionario tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de ayudar a modelarla.
El informe de ERSO no se limita a señalar errores. Propone líneas de trabajo concretas: educación vial transversal, campañas de sensibilización emocional, formación continuada post-licencia y revisión de los formatos de comunicación del riesgo. Porque la seguridad no es solo una estadística, es una práctica diaria.
Cambiar la cultura es lento, pero es lo único que cambia de verdad. Y sin ese cambio, ni el mejor coche, ni la mejor carretera, podrán evitar el próximo accidente.
Sobre Faconauto Seguridad Vial
Este contenido forma parte de Faconauto Seguridad Vial, una iniciativa impulsada con el compromiso de reforzar la cultura de la prevención, la innovación y la protección de la vida en carretera. Un proyecto posible gracias al apoyo de MAPFRE, socio estratégico de Faconauto en esta línea de trabajo, que comparte el propósito de avanzar hacia una movilidad más segura, sostenible y conectada.


