El reconocimiento facial llegará a los coches autónomos en 2020

La tecnología de conducción autónoma se ha desarrollado mucho y muy rápidamente en los últimos años, sin embargo, todavía hay retos para hacerla más segura y accesible. El último reto lo ha asumido la tecnológica Omron, que ha ideado un sistema de reconocimiento facial con dos objetivos: hacerle saber al coche que estamos ahí, que hay alguien al otro lado del volante, y cerciorarse de que el conductor está suficientemente alerta.

La empresa ha indicado que estos sistemas podrían incorporarse ya a la siguiente generación de tecnología autónoma, a partir de 2020.

Hasta ahora, la conducción autónoma es posible en autovías y autopistas y, en la mayor parte de los casos, es necesario que, al cabo de unos minutos, el conductor toque el volante. Si no es así, el vehículo se parará automáticamente.

Estos sistemas, aunque toman el control de nuestro coche, quieren saber si estamos y si prestamos atención a la conducción en caso de que tengamos que hacernos cargo del vehículo.

El sistema de Omron viene a solucionar ambos problemas. Ha sido presentado en la mayor feria de electrónica de Japón, el CEATEC, y consiste en un sistema de infrarrojos que constantemente monitoriza los gestos y movimientos y los ojos del conductor. De esta manera, si detecta un comportamiento inusual o un movimiento que altera el patrón de nuestros gestos, inmediatamente articulará un sonido para alertarnos.

Dentro de los comportamientos inusuales están, claro, situaciones tan cotidianas al volante como quitar los ojos de la carretera o usar nuestro móvil. En estos casos, se activará también u señal de alarma.

Hasta que estos sistemas lleguen al mercado, podemos imaginar que irán incorporando mejoras, que llegarán, seguramente, a los coches de lujos. Entre esas mejoras podrían estar, por ejemplo, zumbidos o vibración en los asientos, entre otros.

Para asegurarse de que esta tecnología recoge la mayor cantidad de información y signos vitales del conductor, el sistema de Omron también incorpora a los asientos un medidor de presión arterial y un pulsómetro. Esta monitorización constante busca fluctuaciones inusuales que suelen avisar de dolencias como ataques al corazón.

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