El coste de un taxi de auto-conducción será mayor que lo que pagará el dueño de un automóvil particular

Hoy nos hacemos eco de un nuevo artículo, publicado el pasado lunes día 20 de mayo, elaborado por investigadores del Instituto de Tecnología de Massachussets y compartido en exclusiva por FT Alphaville. Dicho artículo sugiere que, teniendo en cuenta los precios actuales, los taxis que no tienen conductor son más caros para aquellos consumidores propietarios del tradicional coche de cuatro ruedas. 

Basándose en los datos publicados, Ashely Nunes y su compañera Kristen Hernandez sugieren que el precio por utilizar un taxi autónomo tiene un coste que oscila entre los 1,58$ hasta los 6.01$, a diferencia de los 0,72$ que cuesta un coche en propiedad. Tomando como referencia el mercado de San Francisco para esta área de estudio, los académicos examinaron una amplia gama de costes como la licencia, el mantenimiento, el combustible o los seguros, entre otros cálculos. 

Un servicio de robo-taxi tiene dos puntos que hay que tener en cuenta desde el punto económico para Nunes y Hernandez.

Primero es lo que los académicos llaman «capacidad de uso»– la cantidad de tiempo que el vehículo autónomo emplea para transportar a un cliente. Según este estudio, la demanda del taxi está representada por un 52% en San Francisco. Mientras que el combustible y el uso están directamente correlacionados en el vehículo en propiedad, un taxi se usa únicamente la mitad del tiempo. 

En San Francisco, los operadores de flotas del taxi «tradicional» evitan este problema cobrando una tarifa fija, la cual cubre los gastos administrativos derivados, a través del alquiler de sus propios vehículos. Tanto Nunes como Hernandez aseguran que, esto se traduce en que «los modelos de negocio existentes entorno al taxi garantizan un ingreso de beneficios independientemente de la ocupación del taxi». 

Sin embargo, un operador de flotas con coches de conducción autónoma es en efecto el conductor, y por lo tanto debe asumir el coste de cuando el vehículo no está siendo utilizado, o cobrarle un precio más elevado al consumidor.  La tasa de ocupación del 52% es particularmente problemática, ya que los costes operativos que garantizan el funcionamiento seguro del taxi «tradicional» serán elevados, debido, principalmente a la supervisión que requieren. Un taxi sin conductor, no tendrá menos demanda.

Tras el ingreso de costes, como los salarios, junto con los gastos generales o el espacio de oficinas y el equipo, Nunes y Hernández sugieren que podría costarle a un operador entre 2.35$ y 0.05$ por algo más de kilómetro y medio recorrido, dependiendo de la cantidad de coches que tenga que vigilar un supervisor. (Teniendo en cuenta que el límite de coches supervisados por una única persona llegaron a un total de 50 y dadas las implicaciones de seguridad que conllevan, podría parecer un riesgo alto).

Los que apuestan por el robo-taxi podrían contrarrestar estos gastos con mejoras en la tecnología. Por ejemplo, un programa de Inteligencia Artificial podría vigilar miles de coches autónomos, distribuyendo así los costes. Pero teniendo en cuenta los costes comentados anteriormente, el ahorro en costes parciales de un operador monitorea múltiples vehículos, disminuye significativamente más allá de un punto crítico, que Nunes y Hernández fijan en alrededor de 10 coches.

Un operador de flota podría aumentar la tasa de utilización del vehículo, dado que el 55% de ocupación es un porcentaje bastante bajo. Los recientes desarrollos en las tecnologías de localización, la oferta y la demanda coincidentes seguramente serán más eficientes. Sin embargo, Nunes y Hernández afirman que, incluso con una tasa de utilización del vehículo del 100%, el coste de un taxi de auto-conducción será mayor que lo que pagará el dueño de un automóvil particular. 

 
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