Radares: ¿El estado se equivoca de meta?
Realmente, por mucho que intenten convencernos, las mayores causas de accidentes de tráfico son el alcohol, las drogas al volante, el cansancio, el mal estado de los vehículos y también de las carreteras. La velocidad como tal, sólo es causante directo en 3% de los accidentes.
Personalmente llevo más de 40 años conduciendo, en muchos países, y solamente una vez he pasado un control de alcoholemia. Sin embargo, cada día que me monto un vehículo, me enfrento a decenas de radares.
¿Dónde está el error?
Muy sencillamente, el estado busca ante todo recaudar dinero de la manera más sencilla y sobre todo rentable. Es mucho más fácil instalar un radar que tener a unos agentes controlando a los conductores “conduciendo bajo influencia”, “DUI” - como dicen los Americanos: Driving Under Influence: en español, (se entiende, bajo la influencia de alcohol o de droga).
Las causas reales más frecuentes de accidente son sin duda el conducir después de haber bebido más de la cuenta, estando cansado, o haber tomado alguna sustancia "rara". Esto lleva a los conductores a cometer infracciones condenables porque pierden el sentido de la realidad.
Otra razón de peso es el estado general del vehículo: frenos, amortiguadores y sobre todo neumáticos (tanto presión como desgaste) son órganos importantísimos del vehículo que mucha gente no cuida lo suficiente.
Y como no, entran en juego el estado de la calzada, la climatología y las condiciones de tráfico.
En todos estos casos sólo se puede hablar de velocidad inadaptada como consecuencia última del accidente.
Hoy en día, circular a más de 200 km/h en una autopista con un coche moderno, mantenido en buenas condiciones, no supone ningún peligro. Repetimos: siempre y cuando la velocidad esté adaptada a las condiciones del tráfico, de la meteorología, del estado del conductor y desde luego del vehículo.
Resulta mucho más peligroso salir de una discoteca, después de haber tomado dos o tres copas, coger el volante de su coche con neumáticos en mal estado y ponerse a 80 km/h en ciudad, sobre todo si además esta lloviendo.
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Autor:
Sebastián Tollarto