Visita al Museo FERRARI en Maranello
Ser aficionado a la F1 y ser fan de Ferrari no es nada raro. Sobre todo, desde que un tal Fernando Alonso se viste de rojo los fines de semana de Gran Premio.
Partiendo de esto, pasar por Boloña sin ir a Maranello es pecado mortal para cualquier "ferrarista", ya que es un "peregrinaje" comparado a la de los musulmanes a La Meca o la de los cristianos a Santiago.
Como buen “Ferrarista”, en mi última escala en la capital de la Emilia-Romana, y antes de ir a pasear por su casco antiguo medieval (el segundo más grande de Europa, después del de Venecia), nos dirigimos a Maranello.
Todo huele a Ferrari. Dada la hora, lo primero fue buscar un sitio para almorzar. Y donde comer en Maranello sino en “Il Cavallino”, un restaurante ligado a las grandes páginas de la historia del automóvil deportivo y de competición. En sus mesas, se sentaron a comer pilotos tan míticos como Michael Schumacher, Alain Prost, Niki Lauda, Gilles Villeneuve, Didier Pironi y otros muchos que han hecho la gloria de la marca del Cavallino Rampante. Y más de una vez se sentará ahí nuestro querido Fernando Alonso.
Cruzando la calle se accede a la fábrica por la antigua entrada y, justo en frente, adoro pasar por debajo del pórtico del Ferrari Store para escuchar el ruido de escape del F1. Pero el plato fuerte se encuentra a menos de 5 minutos andando: la Galleria Ferrari, donde se puede revivir la historia de la marca a través de los modelos más representativos y del recuerdo de los numerosos éxitos conseguidos en tantas competiciones.
En breve se podrá contemplar aquí el F1 de Fernando Alonso.
Algunos Ferrari antiguos han llegado a sobrepasar los 10 millones de euros en subastas.
En las diferentes salas del museo, se encuentran desde los primeros modelos, como el 125 S de 1947 (12 cilindros en V a 60º, 1.498 cm3, 100 CV a 7.000 rpm), el 375 Plus de 1954 (12 cilindros en V a 60º, 4.954 cm3, 330 CV a 6.000 rpm), toda la colección de F1 que han participado en el Mundial de F1 desde 1950, prototipos de carrera de resistencia y también las últimas creaciones de la marca.
Esperemos que Fernando Alonso, con sus éxitos, nos permita seguir escribiendo páginas de gloria sobre esta mítica marca.
En Maranello, Ferrari tiene su propia pista de entrenamiento: el Circuito de Fiorano.
Son pocos los días donde no pasa nada en este circuito. Desde la ventana de su casa, Enzo Ferrari podía contemplar sus creaciones en prueba.
Dejar Maranello le costará a cualquier aficionado que tenga que hacerlo al volante de un coche que no lleve el Cavallino Rampante como emblema.
Autor:
Jean-Claude Lonati